¿Campaña o negocio?

Cada año, llueven mensajes desde distintas partes del mundo, para que las mujeres cumplan con la visita al ginecólogo y la mamografía anual, como condición sine qua nonpara esquivar al cáncer que tiene dos nuevas víctimas por hora 

El cáncer de mama es la primera causa de muerte por tumores en mujeres. Según datos del Instituto Nacional del Cáncer, en Argentina ocurren 5.600 muertes por año por cáncer de mama y se estima que se producirán más de 19 mil nuevos casos el año próximo. Esto da como resultado que una de cada ocho mujeres que hayan alcanzado la edad de 80 años habrá desarrollado la enfermedad en algún momento de su vida y, al no existir vacunas que permiten evitar la patología, la detección precoz es el método preventivo más eficaz para combatirla. Gabriela Quintanilla, médica oncóloga y directora de la Agencia Provincial de Control del Cáncer, explica: “Existiendo todos los elementos disponibles para la detección temprana, cuando es microscópico y tiene cura, no debiera incrementarse paralelamente a la incidencia, el índice de mortalidad».

Octubre es el mes en que los medios de comunicación y las redes sociales saturan a los usuarios con campañas de concientización sobre la prevención del cáncer de mama. Nuevas caras, nuevas plataformas, mismo mensaje: el tumor detectado tempranamente tiene cura. Este año, el spot más visto fue impulsado por Andy Clar, una bloguera y emprendedora argentina, en el que mujeres famosas posaron con una cicatriz en su pecho simulando una mastectomía. La celebración internacional es el 19 de octubre y las acciones colectivas llegan de todas partes del mundo.

En Rosario, la campaña que se extiende durante todo el mes consiste en la realización de mamografías gratuitas y sin turnos previos a mujeres de entre 50 y 70 años que no se hayan efectuado nunca un estudio o bien que lo hayan hecho hace más de dos años. “Los estudios se van a practicar en todos los hospitales públicos, en los SAMCO y en algunos hospitales privados, por lo que habrá 26 mamógrafos públicos y cuatro privados que garantizarán la atención y prevemos recibir entre 100 y 120 mujeres por turno”. En lo que va del mes han tenido bastante aceptación, pero no están cumpliendo el objetivo fijado.

Karina Rúa, participante del equipo de Difusión y Prevención del Hospital Centenario, considera que la concientización es importante y que la prevención es el escalón fundamental para cualquier planeamiento en una política sanitaria. Sin embargo, no todos piensan lo mismo. “No creo que las campañas modifiquen el estado sanitario con respecto a una enfermedad. Las cosas que modifican el estado de salud de la población son aquellas que se incorporan como verdades, como conductas habituales, como derechos. Si todas las mujeres tuviéramos metido en la cabeza que nos podemos curar de un cáncer con la detección temprana y que los estudios deben hacerse con cierta periodicidad, esa es una convicción que reduciría la mortalidad, y en eso debería trabajar el Estado”, expresa Quintanilla.

Estas campañas que divulgan la importancia de la detección temprana no tienen en cuenta que encienden alertas dañinas para la psiquis de muchas mujeres y contribuyen al negocio próspero que se nutre de una nueva patología: la medicalización de la vidaLos estudios en demasía, los medicamentos por las dudas, la exposición habitual a rayos como si fuera algo completamente inocuo es una práctica cada vez más común.

Gabriela Quintanilla explica que ningún extremo es juicioso y que es el justo medio lo que hay que buscar. “Me parece muy interesante que se pongan en tela de juicio cuestiones que están naturalizadas, pero hay que saber distinguir. No hay que hacer una senografía a todas las mujeres desde que nacen hasta que tienen 95 años. Solamente, a las mayores de 50 y hasta los 70 años, si son normales los estudios, cada dos años. Y si son más jóvenes de 50 años, solo si lo indica el ginecólogo, por las razones especiales que sean. Pero no por estar en contra de la medicalización de la vida, vamos a dejar de aprovechar los beneficios que nos brinda la tecnología y que nos permiten detectar a tiempo y curar la enfermedad”, agrega Quintanilla. 

El diagnóstico de cáncer de mama es un suceso que cambia para siempre la vida de una mujer. Pasaron ocho días entre la noticia y la extirpación del tumor y los ganglios afectados de la mama derecha de Alejandra Cinquini: “Lo peor no es el miedo a la muerte, sino el proceso previo, la falta de compasión y de amor del sistema médico, que sin mirarte a los ojos solo te habla del protocolo a seguir”. Alejandra fue mal diagnosticada. Cuando el tumor era pequeño, le dijeron que se trataba de una inflamación de la glándula mamaria y que la dejara así porque con el tiempo iba a desinflamarse solo. Un año después, un día cualquiera, se despertó y se encontró con una bola en su pecho derecho que, además, era sumamente dolorosa. “Todo lo que tenga que ver con el cáncer de mama es un negocio próspero donde el único sin beneficio es el paciente: exposición a rayos en los estudios, rayos en el tratamiento, combos de drogas llamados quimios y comenzamos de nuevo. ¿Cómo un cuerpo va a recuperar esas miles de células que son devoradas o disecadas por todos estos ataques violentos del exterior? No hay manera, te sacan vida”, agrega.

El mensaje que llevan adelante las campañas no solo tiene efectos secundarios, sino que a veces hace más daño que el bien que busca. “Las campañas de prevención no me agradan, hay un exceso desmedido. Da la sensación de que fuera una terrible epidemia que hay que controlar y nos llenan de angustia, llevamos en la mente otra preocupación más. Además, están dirigidas solo a los chequeos de rutina y no a los cambios de hábito que a lo mejor evitan que lleguemos a enfermarnos como la actividad física, los tiempos de descanso, lo recreativo, la familia, qué tipos de alimentos son convenientes y cuáles no para prevenir no solo el cáncer sino todas las enfermedades que produce una inadecuada alimentación y disminuyen nuestras defensas”, explica Alejandra. 

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Ana Luisa de Palma es psicóloga y acompaña a pacientes oncológicos en su proceso de tratamiento. A algunas de las mujeres afectadas las trata desde el primer momento y otras se incorporan luego de una cirugía o durante la quimioterapia o cuando ya tienen el alta y también aquellas en su fase terminal. “El tratamiento es psicológico y espiritual. Psicológico es todo lo que tiene que ver con los recursos para afrontar lo que están viviendo, y con espiritual me refiero al sentido que cada mujer le va a dar a su enfermedad y a su proceso de recuperación. La curación es lo que trata de resolver los síntomas biológicos, pero en psicología buscamos la sanación, es decir, que el cáncer sea aprovechado como un proceso que ayude a la transformación de algunas cosas de la vida de estas mujeres, cosas que no están bien”. De Palma cree que hay cada vez más conciencia con respecto a la prevención y que al menos hablar de cáncer ya no es tabú. “Creo que los casos en que no hay prevención tienen que ver con la falta de educación y de información, pero estamos en eso, estamos más cerca”. Sin embargo, en algunos casos las campañas tienen víctimas. “Por supuesto que hay gente mucho más sensible, por ejemplo, los hipocondríacos y entonces cualquier tipo de campaña le despierta este tipo de susceptibilidades. Pero eso depende de la personalidad de base que tenga cada persona”, concluye De Palma.

Cuanto más temprano se detecte el cáncer, mejores son las opciones de curación, pero cuando se descubre en estadios avanzados, también hay posibilidades de tratarlo con éxito. En la biología no hay reglas absolutas, y los tratamientos, así como los resultados, varían de caso en caso. “No hay que desesperarse ni dejarse presionar, tomarse el tiempo necesario para hacer interconsultas. No solo para estar seguro del diagnóstico sino también para encontrar a alguien que nos inspire confianza, que nos brinde contención, que nos mire a los ojos, que nos salude afectuosamente y con nuestro nombre. Porque eso es lo que más necesitamos”, advierte Alejandra Cinquini, a siete años de haber dejado atrás la enfermedad que le ayudó a entender el proceso de la vida.-

Alida Könekamp

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