Eat, pray & love

¿Se acuerdan de “Eat, pray, love” la novela autobiográfica de Elizabeth Gilbert, publicada en 2006, que se convirtió en un súper éxito mundial, en la que una mujer en crisis con su matrimonio y su vida en general, decide dejar todo e irse de viaje en búsqueda de sí misma? Estoy segura que sí, pero si no saben de lo que les hablo, es una lectura altamente recomendable. Para el #bemymentor de esta semana la elegí a Liz Gilbert por muchas razones: por su talento, por su generosidad, por su mensaje amoroso, porque recurro a ella, porque la admiro, pero sobre todo porque deseo deseo deseo algún día escribir así tan lindo como ella.

Come, reza y ama es un diario de viaje por tres ciudades increíbles con un monólogo interior lleno de preguntas, sensaciones y aprendizajes del que somos testigos a cada paso. Nos cuenta la historia de una mujer real. Una mujer que a pesar de haber conseguido todo lo que quería, era completamente infeliz. Una mujer que necesitaba un cambio y que lo llevó a cabo, a pesar de los miedos, la vergüenza y el descrédito de todo su círculo social.

“En aquella ocasión no estaba en Roma, sino en el cuarto de baño del piso de arriba de la enorme casa que me acababa de comprar con mi marido en las afueras de Nueva York. Estábamos en noviembre, hacía frío y eran como las tres de la mañana. Mi marido dormía en nuestra cama. Yo ya llevaba unas cuarenta y siete noches consecutivas escondiéndome en el cuarto de baño y – exactamente igual que en las noches anteriores – estaba llorando a moco tendido. Ya no quiero estar casada. No quiero vivir en esta casa tan grande. No quiero tener un hijo”.

La historia está dividida en tres capítulos: el primero ocurre en Roma, donde Liz (la protagonista y la autora) experimenta el placer de comer, aprende a parlar el italiano y se divierte con la sobreexpresividad de los tanos. En el segundo viaja a Bombay, donde visita a un gurú e intenta meditar en un ashram, mientras nos enseña sobre mantras, meditación y tipos de yoga. Y en el tecero visita Bali, para conectarse con la naturaleza y encontrar el equilibrio y donde sin esperarlo se reencuentra con el amor. 

Fue un bestseller internacional que se llevó al cine cuatro años después, con Julia Roberts como la encargada de dar vida a Liz Gilbert, y Javier Bardem al empresario brasileño de quien ella termina enamorándose en la novela y en la historia real, y con quien vivió en Estados Unidos hasta hace poco más de dos años.

Pero la historia de amor de esta talentosa e impredecible mujer, no terminó ahí. En septimebre de 2016 publicó en su página de Facebook que se estaba separando de José Nunez (Felipe en la novela), porque se había enamorado de su mejor amiga. Rayya Elías, música y directora de cine estadounidense nacida en Siria y su amiga desde hacía 15 años, había enfermado de cáncer y estaba pasando un momento muy dificil. Juntas confesaron el amor que se tenían: “La muerte – o la perspectiva de la muerte – suele poner al descubierto todo lo que no es real. En este espacio de realidad cruda y absoluta, me encontré con esta verdad: no es que simplemente quiera a Rayya como amiga, es que estoy enamorada de ella. Y no puedo seguir negando esta verdad”, publicó en Facebook la reconocida escritora. Rayya murió en enero de este año, luego de una larga y difícil enfermedad y Elizabeth la homenajeó tantas veces como pudo en las redes sociales. Pueden ver algunas de sus publicaciones en su cuenta de Instagram @elizabeth_gilbert_writer y en su Facebook Elizabeth Gilbert. 

Con una vida amorosa muy movida, esta escritora supo capitalizar cada uno de sus aprendizajes y bajarlos al papel para compartirlo con sus lectores. Se rió de sí misma, de sus viejas creencias y de sus nuevos puntos de vista, de sus fracasos y de sus éxitos. Y todavía hoy, sigue enseñando con total transparencia cómo los aciertos y desaciertos son el camino obligado para una vida valedera, una vida que evoluciona, que cumple su función a medida que pasa el tiempo. Para que lleguemos al final mejor de lo que vinimos, porque de eso se trata, ¿o no?. Les sugiero que la busquen y la conozcan. Y si quieren, después me cuentan.


Alida Könekamp